¿Sabías que tres son los artífices que han dejado su huella en el Vaticano?

«La verdadera obra de arte no es sino una sombra de la perfección divina». (Michelangelo Buonarroti)

Donato d’Angelo Bramante

En primer término hablaremos del polifacético artista Donato Bramante. Pintor y arquitecto, cuyo mayor mérito fue, sin duda, la planificación de la Basílica di San Pietro en el Vaticano. También se le considera el introductor del Primer Renacimiento en Milán y el Alto Renacimiento en Roma.

Disfrutó del favor del papa Julio II, quien lo nombró arquitecto pontificio.  A lo largo de su vida gozó de gran influencia delante del santo padre como consejero artístico. Declarado antagonista del joven Buonarroti, al que admiraba y envidiaba al mismo tiempo, provocó más de un dolor de cabeza a éste último. Lo consideró su rival desde un principio y no perdió ocasión para desprestigiarlo ante el mecenas común. Apadrinó al pintor Rafaello Sanzio, abogando ante el sumo pontífice en su favor, en contra del inmortal Miguel Ángel.

Gran parte de su obra se halla encerrada entre los muros de San Pietro. De todos modos, no faltan retazos de la misma desperdigados a lo largo de la ciudad de Roma.

«Se pinta con el cerebro, no con las manos». (Michelangelo Buonarroti)

Gian Lorenzo Bernini

Un segundo genio, y no por ello menos importante que el anterior, fue el polifacético y trabajador incansable Gian Lorenzo Bernini. Pintor y escultor napolitano de gran talento hasta el punto de considerársele el sucesor de Michelangelo y el auténtico creador del estilo barroco escultórico.

En el campo de la arquitectura su obra más representativa fue el diseño de la Piazza di San Pietro. Ella le abriría por sí sola las puertas de la fama y el  reconocimiento de generaciones futuras. Obra espléndida y original como pocas. A su singular trazado trapezoidal hay que sumar la grandiosidad de las dos hileras de columnatas. Rematando en lo más alto esta obra de arte, se erigen las imponentes estatuas de ciento cuarenta santos, impertérritos observadores del avance de los siglos.

«¿Cómo puedo hacer una escultura? Simplemente, removiendo del bloque de mármol todo lo que no es necesario».

Michelangelo Buonarroti

Aunque, tal vez, el más conocido y agasajado entre estos genios del pasado sea el renombrado Michelangelo Buonarroti, artista indiscutible por méritos propios del Renacimiento Italiano. Hombre polifacético como pocos, escultor, pintor, pensador, poeta y arquitecto. Su mayor logro tras los muros de los feudos vaticanos fue, sin lugar a discusión, la decoración al fresco de la Capilla Sixtina, con su increíble Volta  y el apabullante Jucio Final.

Si bien, no debemos olvidar la bellísima escultura de La Pietà. Pieza maestra del joven fiorentino cuyas manos hicieron hablar a la fría piedra, expresando todo el dolor y resignación de la madre que abraza el cuerpo sin vida de su hijo.

En el terreno arquitectónico contribuyó con el diseño de la magnífica cúpula de la naciente Basílica. Lástima que este encargo de colosos le fuera encomendado cuando sus muchos años le habían minado ya las fuerzas. Esa fue la razón que dejó su trabajo inconcluso al venir la muerte a visitarlo. Aun así, hoy en día, podemos apreciar su idea primigenia sin cambios representativos en el proyecto.

Hombre dotado de capacidades y dones sobrehumanos, fue un incansable inconformista consigo mismo y su obra, siempre en busca de la perfección. Vivió por y para el arte, siendo este su gloria e infierno.

Estos son algunos de los personajes históricos que coexisten entre las líneas de algunas de mis novelas. Si quieres conocer más y mejor a cada uno de estos genios del pasado te animo a dejarte llevar de la mano de cualquiera de sus personajes principales: Rosana, Bianca, Alfredo o Julio.
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